Hay días en los que uno come por inercia. Abres el refrigerador, ves lo de siempre, cocinas lo de siempre, comes como siempre… y al cabo de unas horas ni siquiera podrías describir qué saboreaste. La comida se vuelve fondo, ruido blanco, un trámite más entre pendientes. Y luego están esas raras veces en las …