La imagen es clara: tu abuela frente a la estufa, removiendo un mole negro durante horas, como si el resto del planeta pudiera esperar. Nada de temporizadores, cero prisas, medidas “a ojo” y una certeza absoluta: “si no se espera, no sabe igual”. En aquel momento quizá sonaba a mística culinaria; hoy, parece directamente un …