Hay días en los que la cocina se siente como una lista de pasos automáticos: abrir el refri, sacar lo de siempre, picar, cocinar, servir, lavar. Repetir mañana. Sin emoción, sin sorpresa. Pero otras veces —y quizá te ha pasado— una receta sencilla, hecha entre pláticas, risas y manos pequeñas llenas de harina hasta los …